Coronavirus: el procedimiento que sigue después de la muerte por Covid-19 y los cambios en la práctica que impacta en todo el mundo

Imágenes impactantes sobre cementerios colectivos habilitados en lugares especiales en Nueva York o las principales ciudades de Brasil, como San Paulo o Río de Janeiro horrorizaron desde que en abril último el número de muertos por Covid-19 comenzaron su ascenso y desde el pasado fin de semana, también Argentina mostró su faz más temida: hileras de fosas en sectores apartados de los cementerios de la Chacarita y de Flores en la Ciudad de Buenos Aires que refrescan en la memoria la dimensión de la tragedia que implica esta pandemia para todos, sin distinción de fronteras, banderas o privilegios de cualquier índole.

 

Muerte por Covid: fosa común en una isla frente a Nueva York

 

Para los no escépticos en relación con este tema, la pandemia es fruto de la propagación de un tipo especial de coronavirus que da lugar a una enfermedad, denominada Covid-19 y esta provoca distintos grados de afección, según la edad, la condición general de la persona infectada y/o el tratamiento que recibe. Algunas personas -muchas personas- mueren sin más y la incertidumbre que es habitual en cada familia cuando se trata de enfrentar una muerte cercana y sus vericuetos administrativos se acrecienta y se pierde en “se hace esto”, “me dijeron que…”, “no hay que…” y un sinfín de dimes y diretes sobre procedimientos funerarios ante estos “casos especiales”.

 

Muertos por Covid: fosas en Brasil

 

El dolor de la pérdida es el mismo, el duelo obligado tal vez más cruel que “antes de esto” cuando se podía llorar al muerto, abrazar a los deudos o recibir los abrazos según sea el caso e incluso se podía apoyar por algunos segundos las manos sobre las manos del fallecido para dedicarle una última oración, en ritual de despedida amorosa.

 

Lo que no es igual, es la despedida de los deudos, la forma de tratar el cuerpo muerto, el procedimiento para preparar ese cuerpo y la inhumación de los “restos” -palabreja terrible para hablar de lo que sobró materialmente de alguien que ya no vive-.

 

Así las cosas…la incertidumbre crece y como en cualquier circunstancia de la vida -y de la muerte-, una de las pocas maneras de encararla es el conocimiento de la forma correcta de actuar para prever males mayores.

 

El procedimiento: entre improvisación y aprendizaje

Estados Unidos, a través del Departamento de Servicios de Salud y Servicios Humanos publica en internet, en inglés y en castellano, una guía completa, incluida un apartado especial para hablar sobre los “servicios fúnebres y de sepultura para indígenas estadounidenses y nativos de Alaska”, pensado a partir del conocimiento sobre rituales tradicionales de estas comunidades y la necesidad de incorporar nuevas prácticas en un contexto de vulnerabilidad para muchas de estas comunidades.

 

No tiene un apartado para los pobres de Nueva York que después de muertos tienen un viaje de siete minutos hacia el olvido y son depositados en algunas de las fosas colectivas que se abrieron sí en un lugar apartado, en la isla Hart, llamada popularmente como la “Ciudad de los Muertos”, nombre que remite a un film, como casi todo por ese lado del mundo prepandémico.

 

Brasil, primer país de sudamérica en sorprender con imágenes parecidas en sus principales metrópolis y el último fin de semana, se conocieron las tomas aéreas de los cementerios porteños de Chacarita y Flores, donde también están “preparadas” las parcelas especiales, alejadas de las otras tumbas, como morada final de los cuerpos de personas fallecidas por Covid-19.

Muertos por Covid: en la soledad absoluta

 

El Gobierno Nacional publicó el 18 de marzo pasado el manual: “Procedimiento para el manejo de cadáveres de casos de Covid-19” y allí establece las pautas mínimas: recomienda que no se realice autopsia y tratar el cuerpo con todos los cuidados sanitarios y sugerencias del caso. El cadáver debe introducirse lo antes posible en una bolsa plástica de alta densidad, impermeable, con cierre hermético y debe pulverizarse con desinfectante de uso hospitalario. Se permite el acceso de los familiares para una despedida, pero sin contacto físico con ellos. La tumba debe identificarse y registrarse. El predio debe aislarse.

 

«No existe por el momento una guía específica para el manejo de cadáveres de personas fallecidas por Covid-19», sostiene el documento que se envió a diferentes instituciones hospitalarias y al Ejército Argentino. Sin embargo, asegura que «podrían suponer un riesgo de infección para las personas que entren en contacto directo con ellos».

 

«El cadáver debe ser transferido lo antes posible al depósito después del fallecimiento. Antes de proceder al traslado del cadáver, debe permitirse el acceso de los familiares para una despedida sin establecer contacto físico con el cadáver», continúa.

 

En cuanto a las “personas que participen en el traslado del cadáver deberán contar con «equipos de protección personal adecuados».

 

«El cadáver debe introducirse en una bolsa plástica de alta densidad, impermeable y con cierre hermético, debidamente identificada como material infectocontagioso, que reúna las características técnicas sanitarias de resistencia a la presión de los gases en su interior, estanqueidad e impermeabilidad», aconseja el protocolo y agrega: «La introducción en la bolsa se debe realizar dentro de la propia habitación de aislamiento. Esta bolsa, una vez cerrada y con el cadáver en su interior, se deberá pulverizar con desinfectante de uso hospitalario o con una solución de hipoclorito sódico que contenga 5000 ppm de cloro activo».

 

Ante la falta de precisiones y la incertidumbre reinante a nivel mundial sobre cómo actúa el virus, el documento oficial sostiene: «Los pacientes fallecidos por Covid-19, todavía pueden contener virus vivos en los pulmones y otros órganos y es preciso tomar medidas de protección respiratoria complementarias durante los procedimientos que generan aerosoles de partículas pequeñas. Por ello en general se recomienda no realizar autopsia a los cadáveres de personas fallecidas por Covid-19».

 

Debido a esto, «se deben seguir los protocolos de descontaminación, mantenimiento y eliminación de residuos utilizados habitualmente para otro tipo de microorganismos con el riesgo de propagación y mecanismo de transmisión similar», recomienda el personal especializado”.

 

Respecto del personal de la funeraria, sostiene que  “debe ser informado de que se trata de un cadáver de una persona fallecida por Covid-19” y que «no se deben realizar actuaciones de limpieza ni intervenciones de tanatopraxia o tanatoestética» sobre el mismo”.

 

Sobre el «transporte al tanatorio y destino final», se asegura que la empresa funeraria será la responsable de la gestión de los residuos que puedan producirse en la prestación de servicios funerarios. «La disposición final de los cuerpos puede tener cuatro destinos de acuerdo a los ritos religiosos, las costumbres del lugar y las disposiciones judiciales», dice el protocolo: Y cita: la conservación, la inhumación, la cremación y el traslado al extranjero.

 

«La inhumación, que resulta ser el fin más buscado en caso de fallecimientos individuales, múltiples y masivos, debe cumplir con algunas normas básicas, en especial, la de identificación y registro de las tumbas, aislamiento de los predios, cumplimiento de normas de salud pública y de procedimientos de bioseguridad y respeto a los principios de diversidad y no discriminación», recomienda el Ministerio de Salud.

 

En Misiones

Apelando a las frases hechas y remanidas, en la provincia se podría afirmar que “menos es más”, ya que los fallecidos por Covid-19 son tres. Tres tristes “casos” para todos y de profundo dolor para los familiares y amigos cercanos; sin embargo, desde el comienzo de la pandemia tanto las empresas dedicadas a los servicios fúnebres como hospitales y sanatorios comenzaron a aplicar medidas extremas de protección.

 

En el hospital central de Posadas, las medidas incluyen incluso un protocolo especial para brindar información sobre el procedimiento que se aplica.

 

En el recorrido que abarca desde la muerte hasta su inhumación final, son las empresas funerarias las encargadas de la parte más delicada del proceso, en tiempos “normales” y de manera muy especial, en tiempos de pandemia.

 

En Posadas, el especialista en tanatopraxia (Técnica de conservación temporal de los cadáveres) en la empresa Cúneo, con más de 25 años de antigüedad en la prestación de servicios fúnebres, Juan Goya, precisó que “a manera de protección, hoy, se trata todos los casos como posible muerte por Covid-19 y se extreman las medidas”.

 

En otra de las casas dedicadas a atender esta parte del proceso, un empleado experiente explica que en tiempos “normales”: “Se retira el cuerpo del hospital, el sanatorio, la clínica donde haya fallecido dentro de una bolsa mortuoria, después se le hace un tratamiento para que se mantenga el tiempo necesario para el velatorio, después se cumple con el ritual de velar el cuerpo y es muy común que los familiares o los amigos se acerquen al cuerpo, lo besen o toquen sus manos…Ahora nada de eso se puede hacer. En el caso de alguien que muriera de Covid-19 y así se informa en el acta de defunción, ya está aislado desde el momento de ingresar como enfermo y si muere está solo, va de ahí a la bolsa mortuoria común, reforzada por una de color rojo especialmente diseñada para casos de deceso por enfermedades infectocontagiosas, después a un cajón reforzado de metal, sellado herméticamente y de ahí al cementerio”.

 

Sobre este punto, desde el cementerio La Piedad de Posadas se precisó que “los muertos por Covid-19 van a un sector especialmente asignado en el predio, a tierra o en nicho, con cajones especiales. Aunque otra opción es la cremación, pero solo como parte de un servicio privado, con costo extra. En La Piedad, trabajan de manera coordinada con las empresas funerarias que avisan cuando tienen un caso especial para que los sepultureros esperen preparados. El protocolo vigente exige que usen el traje especial con el “que parece un astronauta” y solo se permite el ingreso de una persona para la despedida final.

 

“No estoy autorizada a brindar información sobre eso”, es la respuesta de la funcionaria que responde desde La Piedad al ser indagada sobre por qué se requiere de un sector especial para los fallecidos por Covid-19. Sí confirmó que hubo un caso de inhumación de persona muerta por esta enfermedad y fue ubicada en “un lugar especial que se habilitó para estos casos”.

 

El primer servicio por Covid-19

“Fue una prueba de fuego para la empresa”, dice desde San Vicente Roberto Nolasco, el propietario de la empresa funeraria que se encargó de atender el primer servicio fúnebre originado por la enfermedad que es pandemia, en esa localidad. Como secretario de la Cámara de Empresarios Fúnebres de la Provincia de Misiones, Nolasco explica que el procedimiento establecido es el mismo para todas las empresas que componen la asociación y que no difiere del que se usa para otros casos de fallecimientos por enfermedades contagiosas.

 

Sin embargo, de los empleados que tiene, por distintos motivos, nadie podía ocuparse ese jueves 23 de abril de 2020 del “un camionero, el primer caso de muerte por Covid-19 en Misiones”. Junto a su hijo, a cargo hoy de la administración de la empresa, se dirigieron a Oberá a retirar el cadáver, con una mezcla de miedo y preocupación, pero más fuerte fue la responsabilidad que tenían a cargo.

 

Desde los primeros días de conocidos los primeros casos en el país, en el mes de marzo, Nolasco ya tenía los elementos necesarios para reforzar la prevención de sus funcionarios ante casos delicados. “Esos trajes que parecen de películas de ficción son descartables, se usa una vez y se tira; se usan guantes dobles, botas especiales y en materia de cajones se diferencia porque normalmente usamos uno común de madera, que puede tener más o menos detalles”, precisa.

 

 

En este sentido, para estos casos especiales invierte alrededor de $2.500 pesos por cada traje que se usa por única vez. Los ataúdes son diferentes según vayan a tierra o a nicho. En el primero de los casos, adentro del atáud de madera, va otro de herméticamente sellado y dentro del mismo, el cuerpo que ya tiene la bolsa mortuoria, más la bolsa roja especial; pero si van a nicho, deben llevar una especie de válvulas que drenan formol y contribuyen a mantener el cuepo.

 

Ataúd con válvulas de formol
Los muertos misioneros

Hasta la fecha, en Misiones, los decesos por esta causa que modificó los hábitos, eliminó los rituales de la familia y sus muertos y obliga a tratamientos especiales en todos los sentidos, son tres:

-23 de abril: Un trabajador del volante de San Vicente. Tenía 61 años.

-10 de junio: una mujer oriunda de Aristóbulo del Valle. El Ministerio de Salud Pública informó que la mujer ingresó el 8 de junio al nosocomio, el 9 de junio se le realizó el hisopado para Covid-19 y falleció “a causa de falla multisistémica, insuficiencia cardíaca, shock cardiogénico”.

-18 de junio: una mujer de 62 años, con antecedente de asma, que ingresó por insuficiencia respiratoria a la Unidad de Terapia Intensiva hace una semana, en mal estado general, hemodinámicamente inestable y con asistencia respiratoria mecánica hasta el día miércoles, que se declaró el óbito. Causas de muerte: shock séptico, Neumonía y fallo multiorgánico.

Salvo el primer caso en la provincia, cuya divulgación se hizo de manera informal, con datos de filiación del fallecido, a partir de ese momento se aplicó la norma establecida para estos casos y que sostiene: “La identidad de las personas que padecen coronavirus no puede ser revelada, excepto que se cuente con el consentimiento explícito del paciente dado que de lo contrario se incurre en un delito grave. Así lo disponen las leyes vigentes en la Argentina, entre ellas la ley 25.326 de Protección de Datos Personales”.