Coronavirus: desde Barcelona, el «casi misionero» Carlos Piégari comparte su visión sobre la pandemia en tierra catalana

Carlos Piégari es “hijo adoptivo” de Misiones, vive desde hace muchos años en Barcelona, tiene una biografía que fácilmente llenaría dos tomos; tanto en la historia de la música que lo tiene entre los fundadores de Sui Géneris y unos cuantos grupos musicales más a los que prestó voz, letra y música; como en la literatura y el arte, disciplinas que le sumarían algunos cuantos capítulos más.

 

Viviendo desde hace muchos años en la ciudad catalana, este “porteño” que cursó la secundaria junto a Charly García y Nito Mestre y con ellos compartió la génesis de uno de los más importantes grupos del rock argentino, pasó por Misiones donde trabajó en medios, se “aquerenció” y mantiene lazos constantes e imposibles de desandar.

 

La pandemia lo mantiene en su residencia de la ciudad española donde reside desde el año 2004 y desde allá comparte con Misiones Online algo de cómo se viven estos momentos críticos tanto a nivel sanitario como a nivel económico y social.

 

En breve mención autobiográfica, generosamente sintetiza: “Desde 1994 me afinqué en Posadas y en 2004, luego de obtener en 2001 una beca en cooperación cultural iberoamericana, me radiqué en Barcelona. Pero cada año he viajado a Misiones, pues allí está mi familia y afectos. Siempre me gané la vida escribiendo para otros (periodismo cultural, letras de canciones que algo de éxito tuvieron y pedagogía a través del arte). Avanzando los años me he dedicado full time a la literatura”.

 

Respecto de su estancia en Europa y más precisamente en la ciudad donde justamente este martes presenta uno de los datos más alarmante en cuanto al avance del Covid-19 en la península, Carlos sostiene que “se hace difícil; pero la peste que hay alrededor no sólo es causada por un virus sino también por comportamientos sociales. Obvio que los efectos globales son el auge de una crisis sanitaria y económica. Pero más allá se han puesto de manifiesto riesgos comunitarios que se encontraban funcionando más o menos larvados”.

 

Se autopercibe como “escéptico” en cuanto a los discursos circulantes sobre el posible efecto que tendría la pandemia sobre la sociedad en general. “Me gustaría adherir al discurso que después de esto seremos mejores y nos crecerán alas en las espaldas como a los ángeles. Las contingencias de los estados de excepción siempre se normalizan y no se van más; el teletrabajo en casa consume más horas que las funciones presenciales; la gratuidad y el pago irrisorio de los servicios culturales ya se han enquistado, en síntesis: el sistema optimizó la precarización laboral y existencial. Lo que suelo llamar la ‘vida low cost’, ha llegado para quedarse”, sostiene quien visitó Misiones por última vez en diciembre de 2018, oportunidad en la que presentó su novela “Kitschfilm” en la Biblioteca Popular de Posadas.

 

Y entre biografía y pandemia, Piégari va delineando este momento en su vida: “En términos personales mis días no han cambiado mucho, la rutina de leer y escribir es la misma de siempre. Laboralmente estoy en retirada por la edad, pero me perjudica la parálisis administrativa, tanto en Argentina como en España. Trámites que tenía proyectados según unos tiempos, he debido postergarlos y siento que estoy en un limbo terrenal. Emocionalmente, extraño y me angustian las moratorias sin final aparente. Aunque lo que más me irrita es el uso global del negacionismo y las conspiraciones extravagantes como arma partidaria. Ni digo política, porque es tan ruin que ni categoría ideológica puedo otorgarle”.

 

Cuarentena y confinamiento

“No puedo opinar como es la salida del confinamiento en Argentina, en España es heterogéneo. Se van otorgando fases (0,1,2,3 y 4) a las ciudades, unos protocolos que se denominan desescalada. Según el avance o retroceso de los contagios una región accede a tal o cual etapa. En la última semana las transmisiones y muertes disminuyeron según lo previsto. Pero, como era de esperar, hubo rebrotes. Y, también como era imaginable, fueron causados por imprudencias de la gente”, comenta Piégari sobre las características de una apresurada salida que para este miércoles muestra índice notablemente elevados respecto del número de casos en la ciudad catalana.

 

Y continúa su descripción: “Botellones (reuniones de muchos chicos y chicas para beber en espacios públicos); guateques (reunión alegre en la que se canta, se bebe y se baila) con más de diez personas; un príncipe belga que se sube a su avión privado y vuela hasta la ciudad de Córdoba para reunirse con su novia española y festejar el reencuentro con una fiesta”. Aunque destaca que “en términos generales ha existido conciencia cívica. Barcelona no está progresando mucho, las grandes concentraciones urbanas son las más castigadas. Los geriátricos han tenido la mayor cantidad de bajas y los funerales en solitario algo muy triste”.

 

Sobre el “desconfinamiento”, afirmó que “existe una cierta neurosis que lleva a las personas, cuando se autorizan horarios para salir, a volcarse masivamente a las calles. Comprensible cuando se tienen niños en casa, pero el ejercicio de aprender a estar un poco más con uno mismo no me parece mal”, dijo.

 

Para el escritor, “aún no existe la conciencia social de que tendremos que convivir con este virus tal como lo hacemos con el dengue en Misiones o el VIH en todo el mundo. Por mi parte, ya pude salir un rato y fui a un bar con un amigo y mi hija, me sentí muy bien. Guardando las distancias, sentándonos en mesas en la vereda separadas por dos metros de distancia, nada de besos y abrazos, usando barbijo y manos limpias con gel alcohólico. Queda esperar cómo se adaptará este primer mundo a vivir endémicamente en la cultura del riesgo sanitario, algo que por otras latitudes es cosa de todos los días”, cerró desde el otro lado del Atlántico, en una ciudad hermanda hoy en la incertidumbre de lo que vendrá.

 

ZF

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