Coronavirus: médicos de EEUU estudian relación de jóvenes con síntomas leves de COVID-19 que están muriendo por accidentes cerebrovasculares

Los análisis sugieren un incremento de los pacientes de coronavirus de entre 30 a 50 años que están mayormente experimentando el tipo más letal de ACV. Los Hospitales de la Universidad Thomas Jefferson, los cuales gestionan 14 centros médicos en Filadelfia, y el NYU Langone Health de la ciudad de Nueva York, descubrieron que 12 de sus pacientes atendidos por obstrucciones sanguíneas severas en sus cerebros durante un periodo de tres semanas, tenían el virus. En un 40% tenía menos de 50 años, y presentaban pocos o ningún factor de riesgo. Su informe está siendo revisado por una publicación médica, dijo Pascal Jabbour, un neurocirujano del Thomas Jefferson.

 

En la guardia del Hospital Mount Sinai Beth Israel en Manhattan se repiten los casos de pacientes jóvenes que ingresan por una emergencia por accidente cerebrovascular (ACV). Registran entre 30 a 50 años de edad, y a todos unia un diagnostico común: positivo COVID-19. La edad promedio para ese tipo de ACV severo es de 74.

Un neurólogo intervencionista, Thomas Oxley, empezó el procedimiento para remover el coágulo, observó algo que nunca antes había visto. En los monitores, el cerebro típicamente se ve como una maraña de garabatos negros -“como una lata de espagueti”, dijo- que ofrece un mapa de los vasos sanguíneos. Un coágulo se ve como un espacio en blanco. Mientras utilizaba un dispositivo en forma de aguja para extraer el coágulo, vio nuevos coágulos formándose en tiempo real alrededor del mismo. “Esto es una locura”, recuerda en su relato al Washington Post .

Los reportes de accidentes cerebrovasculares en pacientes jóvenes y de mediana edad -no solo en el Mount Sinai, sino también en muchos otros hospitales en comunidades fuertemente afectadas por el nuevo coronavirus- son el giro más reciente en la evolución de lo que sabemos del COVID-19.

 

Esto cambia la perspectiva de estudio del coronavirus, pues si antes se pensaba que solo atacaba a los pulmones, hay más señales de que afecta a casi todos los órganos relevantes del cuerpo, multiplicando así su letalidad. “Una de las teorías es que el cuerpo está tan comprometido en una lucha contra un invasor, que comienza a consumir los factores de coagulación que pueden provocar coágulos de sangre o sangrado», expuso Harlan Krumholz, especialista cardíaco en el Centro Hospitalario Yale-New Haven, para una entrevista a Washington Post.

 

El número de afectados es pequeño pero aún así destacable, porque desafía la manera en la que los médicos están entendiendo al virus. Aun cuando hasta el 20 de abril había infectado a casi 2.8 millones de personas alrededor del mundo y matado cerca de 195,000, las principales mentes científicas todavía no logran descifrar sus mecanismos biológicos. Alguna vez considerado un patógeno que atacaba principalmente los pulmones, el virus ha resultado ser un enemigo mucho más fuerte, impactando casi todos los principales sistemas de órganos del cuerpo.

Hasta hace poco, existían muy pocos datos sobre los accidentes cerebrovasculares y el COVID-19. Hubo un reporte de Wuhan, China, que reveló que algunos pacientes hospitalizados habían experimentado accidentes cerebrovasculares, muchos de ellos de edad mayor o gravemente enfermos. Sin embargo, la vinculación fue considerada más “una corazonada clínica de un montón de gente muy inteligente”, dijo Sherry H-Y Chou, neuróloga y doctora de cuidados intensivos del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh.

Ahora, por primera vez, tres importantes centros médicos estadounidenses se están preparando para publicar datos sobre el fenómeno de los accidentes cerebrovasculares. Solo hay unas cuantas docenas de casos en cada locación, pero proporcionan nuevos puntos de vista sobre lo que el virus le hace a nuestros cuerpos.

Un ACV, el cual es una interrupción abrupta del suministro de sangre, es un problema complejo con numerosas causas y presentaciones. Puede ser causado por problemas cardíacos, arterias obstruidas por el colesterol, e incluso abuso de drogas. Los mini ACV por lo general no causan daño permanente y pueden solventarse por sí solos en unas 24 horas. Pero los más severos pueden ser catastróficos.

Los análisis sugieren que los pacientes de coronavirus están mayormente experimentando el tipo más letal de ACV. Conocido como ataque cerebrovascular oclusivo, o ictus isquémico, puede destruir grandes partes cerebro responsable del movimiento, el lenguaje y la toma de decisiones de un solo golpe, porque se encuentran en las arterias principales que suministran sangre. Muchos investigadores sospechan que los accidentes cerebrovasculares en pacientes de COVID-19 podrían ser una consecuencia directa de los problemas sanguíneos que están produciendo coágulos por todo el cuerpo de algunas personas.

Los coágulos que se forman en las paredes de los vasos viajan hacia arriba. Uno que se originó en una pantorrilla puede migrar a los pulmones, causando una obstrucción llamada tromboembolismo pulmonar que genera paros respiratorios, una conocida causa de muerte en pacientes de COVID-19.

Coágulos cerca o en el corazón pueden conducir a un paro cardíaco, otra causa común de muerte. Cualquier coágulo formado más arriba probablemente termine en el cerebro, causando un ACV.

Robert Stevens, un médico de cuidados intensivos del Hospital Johns Hopkins en Baltimore, se refirió a los accidentes cerebrovasculares como “una de las manifestaciones más graves” de las complicaciones con coágulos sanguíneos. “También hemos atendido a pacientes en sus treintitantos con accidentes cerebrovasculares y COVID-19, y ha sido muy impactante”, afirmó.

Muchos médicos expresaron preocupación por el hecho de que, a medida que el Departamento de Bomberos de la Ciudad de Nueva York recogía cuatro veces el número normal de personas que fallecían en sus casas durante el pico de la infección, algunos de esos fallecidos habían sufrido accidentes cerebrovasculares repentinos. Puede que nunca se conozca la verdad, porque se realizaron pocas autopsias.

Chou dijo que una pregunta importante es si la coagulación se debía a un ataque directo a los vasos sanguíneos o a un “problema de fuego amigo” causado por la respuesta inmunológica del paciente.

“Durante el intento de tu cuerpo de repeler el virus, ¿la respuesta inmunológica termina lastimando tu cerebro?”, se preguntó. Chou espera contestar estas preguntas a través de un estudio sobre accidentes cerebrovasculares y otras complicaciones neurológicas en miles de pacientes de COVID-19 atendidos en 68 centros médicos de 17 países.

Los Hospitales de la Universidad Thomas Jefferson, los cuales gestionan 14 centros médicos en Filadelfia, y el NYU Langone Health de la ciudad de Nueva York, descubrieron que 12 de sus pacientes atendidos por obstrucciones sanguíneas severas en sus cerebros durante un periodo de tres semanas, tenían el virus. En un 40% tenía menos de 50 años, y presentaban pocos o ningún factor de riesgo. Su informe está siendo revisado por una publicación médica, dijo Pascal Jabbour, un neurocirujano del Thomas Jefferson.


En la amplia mayoría de adultos más jóvenes, el COVID-19 parece resultar en enfermedades leves con riesgo de consecuencias más severas que se incrementan con cada década de edad. De acuerdo con datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, hasta el 18 de abril, 0.8% de las muertes en Estados Unidos fueron de personas con edades comprendidas entre 25 y 34 años, 2% de entre 35 y 44 años, y 5.4% de entre 45 a 54 años.

Jabbour y su coautor, Eytan Raz, profesor adjunto de neurorradiología en el NYU Langone, afirmaron que los accidentes cerebrovasculares en pacientes de COVID-19 desafían el pensamiento convencional. “En materia de ictus isquémicos, estamos acostumbrados a considerar joven a un paciente de 60 años”, afirmó Raz sobre los accidentes cerebrovasculares más letales. “Nunca hemos visto tantos casos en personas de entre 35 y 60 años”.

Raz se pregunta si están viendo más pacientes jóvenes porque son más resistentes que los mayores a las dificultades respiratorias causadas por el COVID-19: “Entonces sobreviven a la parte pulmonar, y con el tiempo desarrollan otros problemas”.

Jabbour dijo que muchos casos que ha atendido tienen características inusuales. Los coágulos del cerebro por lo general aparecen en las arterias, las cuales alejan la sangre del corazón. Pero en pacientes de COVID-19, también los está viendo en las venas, las cuales transportan la sangre en dirección opuesta y son más complicados de tratar. Algunos pacientes también están desarrollando más de un coágulo severo en la cabeza, lo cual es muy inusual.

“A veces estamos atendiendo un vaso sanguíneo, todo sale bien, y de repente el paciente sufre un severo ACV” por un coágulo en otra parte del cerebro, afirmó.

En una carta que será publicada esta semana en el New England Journal of Medicine, el equipo del Mount Sinai detallará cinco casos de estudio de pacientes jóvenes que tuvieron accidentes cerebrovasculares en sus casas del 23 de marzo al 7 de abril. Es una lectura difícil: las edades de las víctimas son 33, 37, 39, 44 y 49, y todos se encontraban en sus hogares cuando comenzaron a experimentar síntomas repentinos como trastornos del habla, confusión, caída de un lado del rostro y sensación muerta en un brazo.

Uno falleció, dos siguen hospitalizados, uno fue remitido a un proceso de rehabilitación, y uno fue dado de alta para que su hermano lo cuidara en casa. Solo uno de los cinco pacientes, una mujer de 33 años, es capaz de hablar.
Thomas Oxley, el neurólogo intervencionista, dijo que un aspecto notable de los casos es cuánto tardaron muchos de ellos en buscar atención de emergencia.

La mujer de 33 años estaba previamente sana, pero tuvo tos y dolor de cabeza durante aproximadamente una semana. En el transcurso de 28 horas, empezó a notar que estaba arrastrando las palabras al hablar y que el lado izquierdo de su cuerpo empezaba a debilitarse y entumecerse. Sin embargo, escribieron los investigadores, “la paciente postergó ir a una sala de emergencias por temor a la epidemia del COVID-19”. Pero ya estaba infectada.

Para el momento en el que llegó al hospital, una tomografía computarizada reveló que tenía dos coágulos en su cerebro y “vidrio molido” irregular en sus pulmones, expresión con la que se conoce a la opacidad en las tomografías que es el sello distintivo de la infección de COVID-19. Le dieron dos tipos diferentes de terapia para intentar romper los coágulos y para el día 10 ya estaba lo suficientemente recuperada como para ser dada de alta.

Oxley afirmó que lo más importante que las personas deben entender es que los accidentes cerebrovasculares severos son muy tratables. Los médicos por lo general son capaces de volver a abrir vasos sanguíneos bloqueados a través de técnicas como la extracción de coágulos o la inserción de estents. Sin embargo, eso debe realizarse rápido, idealmente en menos de seis horas y nunca más de 24 horas: “El mensaje que estamos intentando hacer llegar es que si tienes síntomas de un ACV, tienes que llamar una ambulancia urgentemente”.

 

 

Fuente: Washington Post

 

PE

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