Coronavirus: en Misiones una mujer de 89 años fabrica barbijos con su máquina de coser para donarlos al Hospital

El sonido de una máquina de coser, parte del universo materno para varias generaciones antes de los ’80 del siglo pasado, resuena en este hogar de Eldorado. Zumba la polea que mueve el pistón de la aguja. Y la aguja clava y enreda el hilo en la tela con su aguijón de metal, en un vaivén que le pone música a ese amoroso medio ambiente de la infancia.

 

Un barbijo más. Irá para el Hospital SAMIC de la Capital del Trabajo. Quien cose esos protectores para médicos, enfermeras y pacientes tiene 89 años y trabajó toda su vida en el economato y la enfermería del Sanatorio Buddenberg.

 

Ilse fue instrumentista en el Sanatorio Buddenberg

 

Próxima a los 90, que llegarán el 9 de junio, Ilse Buddenberg llena de música de trabajo su casa. Y de solidaridad, porque nada más oír que hacía falta equipar el pabellón nuevo del SAMIC de Eldorado, destapó su máquina y se puso a coser diez, cien, cuantos barbijos hicieran falta.

 

“En mi casa del Kilómetro 8 de Eldorado se cocinó para el Sanatorio y se lavó y planchó toda la ropa blanca de los pacientes”, contó a MisionesOnline su hija Ingrid Buddenberg. Ilse no necesita lustrar su título solidario, ella y su esposo lo fueron siempre, y aporta porque es su forma de vida. En Eldorado la aman y el año pasado fue elegida Reina de los Pioneros, cuando la ciudad cumplió 100 años de fundación.

 

Imagen de los Bluddenberg en los ’60

 

Y el pañol del buque que era el sanatorio, Ilse estaba al comando de la enfermería, del economato y también de un sector neurálgico de las cirugías, como instrumentista. De cuarentena, como todo el mundo, incorporó a su rutina la humilde tarea de fabricar prendas que se usarán en las salas del SAMIC.

 

“A lo mejor está usando las telas que quedaron de otra época”, agregó Ingrid. Es que, contó, “toda su vida se ocupó de estas cosas, incluyendo los barbijos, camisolines, guardapolvos, que se hacían en casa”.

 

Ilse aún tiene carnet de conducir y maneja su auto. Y estos días los pasa solita en su casa guardando la cuarentena. No es de hablar por teléfono, pero se maneja óptimo con el WhatsApp. “No hay caso, ella es independiente y se maneja sola, aunque nosotros temblemos. Es su actitud luego de haber trabajado toda su vida, de mucho esfuerzo de su cultura del trabajo”.

 

No hay lo que no sepa hacer esta mujer que llegó veinteañera a Eldorado, desde el Hospital Alemán de Buenos Aires, para casarse con el médico Horst Buddenberg. Y para trabajar como enfermera graduada en el Alemán en el flamante Sanatorio Buddenberg que fundó en su propia casa, el médico que llegó a los 7 años desde Alemania junto a su familia.

 

También de ancestros alemanes, Ilse Lohmann nació en Encarnación y ya adolescente marchó a Buenos Aires para formarse en la Escuela de Enfermería del Hospital Alemán, en el barrio porteño de Recoleta.

 

Formaba parte del plantel del hospital cuando conoció a Horst, quien hacía su residencia de especialización en ginecología. Se pusieron de novios el 14 de abril de 1953, noviaron casi tres años, superando la lejanía, porque Horst regresó a Eldorado en 1955, y se casaron el 14 de enero de 1956.

 

Ellos son los padres de Ingrid y de Claudio, que le dieron 6 nietos y 2 bisnietos, sumados a sus sobrinos. Horst Buddenberg falleció el 30 de mayo del 2001, pero dejó un legado intachable que hasta hoy mantienen como emblema Ilde y la familia.

 

¿Qué es lo que dice Ilse de su trabajo y solidaridad? Su hija Ingrid no duda. “Mantiene su espíritu pionero, de trabajar hombro con hombro, con esta cultura del esfuerzo como ella lo entiende, aportando lo que ella sabe hacer. Y para nosotros es bueno que se mantenga ocupada, que se cabecita piense en lo solidario y con las prendas que pueda hacer por día”.

 

Con esa rutina solidaria, Ilse Buddenberg atraviesa estos días de pandemia y de aislamiento. Nadie ingresa a su casa. Llegan hasta la puerta y desde allí le hablan, para ´protegerla. Ilse se ocupa de las demás tareas, hasta de la cocina -aunque reciba ayuda- y de la limpieza. Cultura del trabajo y del esfuerzo.

 

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